Terapia del poder

El 2016 fue un año lleno de nuevas experiencias y desafíos por montón. Estaba feliz, mientras más ocupada pasaba era mejor para mí y empecé a tomar un ritmo de vida súper movido. Poco a poco me empecé a acostumbrar a la satisfacción de sentir que estaba haciendo las cosas de manera independientemente, aunque fuera todo súper agotador. Soy muy autoexigente y perfeccionista, y eso me hacía trabajar arduamente toda la semana. Simultáneamente, también comencé a echar de menos mi casa, mis perros y mi familia (soy súper casera y mamona).
Los últimos meses del año empecé a frustrarme al no poder tener 100% bajo control “mis responsabilidades”, no tener tiempo para mis amistades y no poder viajar los fines de semana a ver a mi familia y mis mascotas. Extrañaba ese shot de energía que te da tu hogar, sobre todo en esos momentos en que más lo necesitaba para empezar bien la semana.
Sin darme cuenta empecé a somatizar todo el estrés físico y mental, tenía todo el cuerpo brotado y volvieron las jaquecas (que no las tenía desde los primeros años de universidad). Por eso le conté de estos problemas a mi mamá y algunas amigas de confianza. Conforme pasaba el tiempo seguía peor, al levantarme por la mañana sentía angustia y no sabía por qué… comencé a ir sagradamente a pilates, que lo tenía abandonado por temas de trabajo y cansancio, y ahí me recuperé un poco, pero cuando se me comenzó a caer el poco y nada de pelo se disparó la señal de alarma.
Me di cuenta que necesitaba saber qué me estaba pasando y buscando por internet (lo primero que hace uno, pensando que encontrarás el remedio mágico de inmediato) llegué a la programación neurolingüística (PNL). Nunca había oído hablar de eso así que empecé a informarme sobre las “terapias de poder”. Estas son técnicas para controlar las emociones y conductas y, por ende, los resultados que obtenemos en cualquier actividad. Me tincó tanto que empecé a buscar una persona certificada cerca de donde vivo hasta que di con una persona, a la que contacté inmediatamente. Agendé una hora sin demasiadas expectativas, pero quería salir de la incertidumbre.
La primera sesión duró casi tres horas, y ahí me explicó con peras y manzanas en qué consistía la famosa programación neurolinguistica. Me enseñó también cómo funciona el cerebro y me dio algunos ejercicios para mejorar todo. Realmente quedé impresionada con el poder de la mente y cómo en cuestión de minutos se puede cambiar hábitos negativos por positivos. Luego de conocer PNL voy cada 2 meses para estar al 110% y también porque le tomé un gran cariño. Cambie hábitos alimenticios, mi vida sedentaria quedó en el pasado y cuido y respeto mucho mi cuerpo y alma. Puedo decir que estoy plena… decidí seguir mis sueños, como por ejemplo en lo laboral, y estoy realmente FELIZ. Solté responsabilidades que no me correspondían y muchas cosas más, que inconscientemente cargaba día y noche.
Es algo que se los recomiendo a ojos cerrados y es realmente una muy buena inversión. Porque ser feliz es impagable.

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